A veces en la plaza del Pedrocchi.

A veces en el pórtico (si llueve)

de la Universidad e incluso, a veces,

aunque es de noche y casi nadie queda,

aunque haga frío o nieve.

Al pasar por su lado,

el profesor escucha atentamente,

pero con esa típica atención

de quien parece distraído

(una técnica usada por la gente importante).

Cuánto le inquieta ese talento inmenso,

el modo de sentarse en la silleta

como si fuera un trono silencioso.

El músico extranjero le envidia solamente

que llega y no se queda,

que vaya a trabajar y pueda volver siempre.

Otras veces parece, cuando pasa de largo,

que la música se hace más intensa

como si le quisiera demostrar

en un acorde nuevo y diferente

cualquier compás secreto de la vida.

Francisco del Moral Manzanares