Relato finalista del 3er Concurso Punto de Libro. Publicado en Punto de Libro, 31, septiembre de 2013

Sábado por la tarde en 3er concurso punto de libro 2014

Mientras sentía las embestidas secas y violentas de Gonzalo y se agarraba a la cabecera de la cama para no acabar empotrada en la pared, constataba que el placer que la estaba estremeciendo y se le encaramaba en el cuello como una lengua de aire le había permanecido oculto y desconocido hasta entonces. Cuando la apariencia de los hechos indicaba que todo había terminado, ella permanecía aún rendida a la gravedad, con la respiración exhausta y los párpados vencidos, para que su cuerpo no se entretuviera en detalles inútiles y pudiera liquidar lentamente los restos de la detonación hormonal que la había dejado aturdida. Percibió en el silencio del dormitorio que Gonzalo se había sentado en el borde de la cama y había esperado un poco, antes de levantarse. Luego había ido al cuarto de baño, atravesando la habitación desnudo, y ella lo había visto todo con una nitidez asombrosa sin necesidad de abrir los ojos, como si la experiencia que acababa de vivir hubiera multiplicado por cien la receptividad de sus sentidos. Disfrutó como nunca de la imagen de su cuerpo aún tenso y sudoroso, deslizándose sobre el suelo de madera, e incluso creyó notar cómo las plantas de sus pies se estremecían al pisar las baldosas del baño. Aquella indiferencia con la que se metió en la ducha y se entregó sumiso al chorro de agua caliente, la convenció de que estaba acostumbrado a realizar proezas semejantes, y la certeza de que no había vivido algo extraordinario la conmovió de nuevo y le hizo perder en un instante la consciencia.

Al cabo de un tiempo -no habría sabido decir cuánto-, la despertó el contacto de unos labios templados en el hombro derecho, y una voz grave y susurrante.

Venga, que vamos a llegar tarde.
Tres horas después estaban saliendo del cine. Caminaron en silencio unos minutos, hasta que Gonzalo hizo una pregunta.

¿Te ha gustado?
Ella giró la cabeza para responder, pero no fue capaz de sostenerle la mirada, de modo que, cuando contestó, ya la había devuelto a la multitud de personas que caminaba en sentido contrario y provocaba el bullicio constante y típico de la tarde del sábado.

Mucho -confesó con un cierto pudor.

Aunque consideraba que no era tan importante como para decirlo, Gonzalo pensó que la trama había estado entretenida, pero que no había sido como para tirar cohetes. Ella no creyó necesario explicar que no se refería a la película.

 

Francisco del Moral Manzanares