Mira Orión en el cielo,

extendido en el aire

ante la inmensa luna,

que lo observa en silencio:

sus hombros como efigies,

su cintura de fuego

(él me recuerda siempre

que el viento es un espejo).

¡Ay, pobre Casiopea!

¿Dónde está hoy?

Sé que soy un guerrero

yo también, y mi espada

cuelga como la tuya

de tu cinto de fuego.

Y sé que también tengo

un luna que llora

mientras duermo.

¿Dónde está Casiopea?

¿Dónde, luz de mis ojos,

que se tragó ese mar

donde vivía?

He muerto como mueren

las flores de la tierra

y mi espada candente,

como la tuya, Orión,

como la tuya,

sabe hoy más que nunca

que ha perdido la guerra.

Francisco del Moral Manzanares