No comprendo esa noche que ha surgido de pronto

y que niebla la fragua chispeante de tu frente,

ese templo enigmático que me abrigaba tanto,

aunque no hiciera frío ni tarde ni temblara.

Sé que el olvido pasa, sé que duele la nieve,

sé que prende la nada de pronto frente a un río,

pero tú eras el ángel de la espada de fuego,

de labios como plumas y llovidas canciones.

Sólo espero que el timbre que anunciaba la aurora

anuncie cuando quiera que tu piel no me teme,

que expulse a las montañas la verdad sospechada

y enseguida a bebernos el miedo nos ordene.

Francisco del Moral Manzanares