Como una mariposa,

llevada por el viento poco a poco,

se posó una mañana,

sin haberlo querido,

sin haberlo pensado apenas.

Y anidó en tu palabra

como una mariposa.

Y en tu mirada alegre,

y en tu perfil trazado

de juncos

y de espumas,

y en tu mástil pueril,

que descubría la risa,

hermosa cabellera brillante que deslumbra,

erguida en tu regazo

y en tu sombra de plata.

Y siguió voleteando

como una mariposa,

por tu piel de novillo

apenas correteado por el campo

y en el abrevadero

de tus ojos profundos

bebió de ti.

Y encontró entre tus venas,

como una mariposa,

mil caminos de bronce

donde sentirse sueño.

Y humedeció tu cama,

y asaltó tu memoria

e invadió tu recuerdo,

conquistándolo todo.

Y con la primavera,

como una mariposa,

llevada por el surco

de tu sangre asustada,

llegó a tu corazón.

Y lo tomó por suyo,

templo cóncavo y serio,

y lo amó grandemente,

y al arrullo templado

de su sílaba rancia

depósito sus huevos.

Y al fin, cuando la nieve,

como una mariposa,

caía blandamente

sobre los prados yertos,

una mano celeste

se te acercó aquel día.

(El arco de tu boca,

arma vieja y cansada,

se tensó levemente

olvidando la guerra).

Al amor de las ondas,

de esos dedos recónditos,

de ese mar rezagado

de ese espejo infinito…

Al amor de esos besos

te entregaste por fin.

Toma.

Dame.

.

Francisco del Moral Manzanares

La Glacerie (Francia), julio de 1993.